jueves, abril 30, 2009

Sir William Shakespeare: un bobote, dejá de mentir, Shakespeare

Uno lee a tipos como Shakespeare y piensa ¿Cómo hace este? Es increíble, es un genio, bla la bla, pero… ¿Fue Shakespeare un genio? Durante esta monografía intentaremos demostrar, básicamente, que no. Intentaremos abordar los textos de Shakespeare de manera arbitraria, mala leche, y sin tenerlos mucho en cuenta tampoco, manejando a gusto y piacere los pocos datos que tenemos sobre el asunto para llegar a la conclusión que se nos cante.


La monografía de hoy o, si se prefiere, el ensayo o, si se prefiere también, el estudio de hoy, se titula, como habéis leído: “Sir William Shakespeare: un bobote, dejá de mentir, Shakespeare

Al encarar esta exposición, rápidamente se nos presentan algunas preguntas: ¿Es complicado Shakespeare? ¿Es de “intelectual” leerlo? ¿Es una proeza digna de mención leer a Shakespeare, o el hecho de así pensarlo no es más que la prueba de la estupidez de quién lo afirma?

Al plantearse esta pregunta, y si pretende tomar partido alguno antes de terminar de leer, el lector tendrá que sopesar dos posibilidades:
1) O digo que Shakespeare es muy muy complicado, uy, que difícil, Shakespeare, no lo entiendo, bla, bla, bla, etc., etc., y me arriesgo a estar equivocado y, por ende, a demostrar que soy un imbécil porque, a fin de cuentas, todo el mundo sabe que Shakespeare es una pavada.

2) O digo que Shakespeare es una pavada, que más allá de las construcciones rebuscadas a causa de los textos escritos en prosa los argumentos son más fáciles que caperucita roja y que hay que ser muy boludo para no entenderlo, y me arriesgo a quedar como un pedante que se la da de que le sacó la ficha a Shakespeare cuando en realidad no tiene ni la más pálida idea de lo que está diciendo, y que si piensa que Shakespeare es sencillo es porque no le da la cabeza para, siquiera, empezar a tratar de comprender la cantidad de niveles que puede llegar a encontrarse al disponerse a leer semejantes obras maestras como, por ejemplo, Ricardo III. (Que sí la leí, sorprendentemente)
Estas dos opciones demuestran una sola cosa: la inseguridad del lector, causa del poco conocimiento que tiene sobre el tema expuesto.

Nosotros, en cambio, somos expertos en el asunto. Partiremos dando por sentado que Shakespeare era un tontibobis que apenas si sabía deletrear su nombre y que tenía un bigotito bastante ridículo para la época. Para la época en que escribimos esto, porque en el siglo XVI indudablemente era un detalle muy de modé.

En nuestra ardua tarea de pre-producción para este análisis, hemos leído un montonazo de libros de gente inteligente, como nosotros, y hemos encontrado varios basamentos que avalan nuestra teoría. Uno de estos libros, el más importante de todos, porque tenía tapa dura y le faltaban algunas hojas, lo cual lo hacía más misterioso, decía que un poeta no es un poeta de verdad si sus imitadores pueden engañar tranquilamente a quienes consumen su arte.

Pues bien. A continuación demostraremos que todos podemos escribir como este sujeto, sin encontrar mayor diferencia con los textos originales:
Garchontingrad. – Hombre que, detrás de todo pato
que, hubiere, asiere la vida que toma
y dé ejemplo de haber sondeado
el voto a simple deshonra; mas ¡Ay, dolor!
que nunca irte tengas que. Contigo pues,
heraldo infecto; graznaremos
hasta los gallos ver cacarear
con sorna vuestras desvergüenzas.
Aunque suene increíble, este texto no es de W. Shakespeare, El Bardo de Avon, ni jamás hubo él creado un personaje llamado Garchontingrad. Es de creación nuestra. Si, claro, nos falta un poco de práctica, obvio. Tampoco es que tenemos al Rey Jacobo tirándonos pepitas de oro por la cabeza para que escribamos estas pavadas. Haciendo una autocrítica, y para que no digan que nosotros, los inteligentes, somos soberbios, reconocemos que tendríamos que intentar ponerle “sentido” a la construcción. Eso lo aceptamos. Pero innegablemente el estilo está. Tendríamos que comprobar, también, si todas las palabras que utilizamos existen. Aunque, si el Word Challenge pone palabras inventadas, por qué no las vamos a poner nosotros, que somos eruditos de la literatura isabelina. Y así llegamos a nuestra siguiente incertidumbre: ¿Por qué no las va a poner Shakespeare, que ES literatura isabelina? ¿Cómo hacemos para corroborar que Shakespeare no inventaba alguna que otra palabra? Total, a el que le importaba, si en siglo XVI eran más ignorantes que… algo que sea simbólicamente representativo de la ignorancia.

Pasemos a otro ejemplo. Veremos como transformar una frase normal y cotidiana en un texto Shakesperiano es más sencillo que… algo que sea simbólicamente representativo de la sencillez. Primero, el dialogo común:
Madre. – Hijo, toma toda la leche.

Hijo. – No quiero, mamá. Tiene gusto a sandía.
Veamos, ahora, que pasaría si ese mismo texto lo hubiese escrito Shakespeare, el vendedor de Avon, o como se llame:
Madre. – Esmirriado famélico cual tahúr
que, en el monte habitado por alimañas
retuercen sus viseras de alimento carentes;
llorarás mis comandatos. Comed si se tratase
de, sana juventud entonces, yerma;
de líquenes trotad ondeante.

Hijo. – ¡Pardiez, madre! ¡Quitad el vil brebaje!
¡Pues tu leche a sándia sabe!
Aquí podemos ver como, mediante unos sencillísimos procedimientos fácilmente identificables, trasformamos una frase común y corriente en un bello pasaje manierista. ¡Que pavada! ¡Tenés un hannnnvre, Shakespeare! Fijensé que lo principal es meter en el medio palabras que no se sepa muy bien que significan y que, por tanto, nos da el beneficio de la duda que siempre es bien recibido en el mundo de las rimas. Nadie se animará a decir que tales palabras no existen, por miedo a pasar por ignorantes. Esta es la prueba irrefutable: Shakespeare inventaba palabras.

El dato más importante que poseemos, y que ha impulsadonos a escribir este humilde ensayo, es el descubrimiento de un panflito que data (Como lo han corroborado más de 784 estudios científicos) del año 1508. Varios años antes del nacimiento de William Shakespeare, lo que demuestra que no solo es un mamoñato cabeza fresca, sino que tampoco inventó nada de nada. Reproducimos a continuación la traducción completa:
¿Así que queréis ser un dramaturgo post-renacentista, manierista o pre-barroco? ¡Aquí tenéis seis sencillos pasos para cumplir vuestro sueño con facilidad!

1. Escribid una oración en una hoja de papel.

Ejemplo: Todos los perros van al cielo.

2. Recortad palabra por palabra y metedlo en un recipiente o bowl. (Se aconseja una galera de copa alta)

3. Agitad.

4. Id sacando las palabras, de una en una, y acomodadles en filita de izquierda a derecha en orden de aparición.

Ejemplo: Cielo al los perros todos van.

5. Agregad puntos, comas, punto y comas, y demáses símbolos decorativos.

Ejemplo: Cielo, al; los perros ¡todos van!

6. Finalmente, agregad palabras inventadas para decorar más mejor.

Ejemplo: Cielo, al; los perros ¡todos van! ¡Pardiez, por Hecuba!
¡Felicitaciones! ¡Lo habéis logrado! ¡Ahora podéis empezar de nuevo con otra frase hasta completar vuestra propia obra post-renacentista, manierista o pre-barroca!
Creemos que las pruebas hablan por si solas y que nuestro punto está requete demostrado: Shakespeare era un bobote cucharita de caldo. Ya aclaramos que en este análisis íbamos a ser arbitrarios, pero en realidad no fuimos para nada arbitrarios. Esta conclusión no demuestra arrogancia alguna de nuestra parte, puesto que hemos demostrado con varios ejemplos y pruebas que lo que el dramaturguito hacía no era más que dar vuelta las oraciones y meter palabras que no existen adentro de una ensalada de la cual ni siquiera era creador de la receta. Demuestra que nosotros, los escritores de ensayos, somos tipos coherentes, arriesgados, humildes y justiciosos. ¡A las pruebas nos remitimos, señores! Nadie se atreva a refutar este análisis, porque lo que exponemos está fuertemente demostrado por las pruebas que nos preceden. De todos modos, y para combatir los ánimos de los escépticos, dejamos un último ejemplo:
Hamlet. – Pardiez, que lo aguantara; pues preciso
es que yo tenga entrañas de paloma,
y que de hiel carezca que acibare
las ofensas, o ya cebado habría
todos los gavilanes de la esfera
con los inmundos restos de ese esclavo.
Basta, Shakespeare, basta. Im-pre-sen-table. ¿Que querés decir, Shakespeare? ¡Mentiroso! ¡Caradura! ¿“Acibare”? ¿Qué es “acibare”? ¡No existe, Shakespeare! Habrás engañado a todos por cuatrocientos años, pero a nosotros no nos engañás más. ¡Hipócrita! ¿Cuántas pruebas quieren? ¡Acá está! ¡Acá está todo! Realmente, y con una mano en el corazón ¿alguien puede levantarse y decirnos que hay una verdadera diferencia entre este texto de Shakespeare y el anterior texto de nuestra autoría en cuanto a prosa y a construcciones estructurales? ¡Por favor!

Una última frase, escrita para que la entiendas, William:

"Que de la truchéz algo simbólicamente representativo más trucho sois."

13 comentarios:

Alex dijo...

yes,Es de creación nuestra. Si, claro, nos falta un poco de práctica, obvio. Tampoco es que tenemos al Rey Jacobo tirándonos pepitas de oro por la cabeza para que escribamos estas pavadas. Haciendo una autocrítica, y para que no digan que nosotros, los inteligentes, somos soberbios, reconocemos que tendríamos que intentar ponerle “sentido” a la construcción. Eso lo aceptamos...

very nice article...
welcome to my blog

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María dijo...

que carajo haces laburando conmigo en ese teatrucho y no escribis un libro, tenes un hijo , plantàs un àrbol o filmás una pelicula?????
me firmas un autografo?

joAco dijo...

te creería si hubieses usado la palabra PARADIGMA en lugar de SIMBÓLICAMENTE REPRESENTATIVO.

ya vas a llegar, papá.

y perdón por no haber podido ir a baires para verte actuar, puto.

GuilleX dijo...

Permitame decirle don... que me acabo de cagar de la risa con usté

Lo veo en lo de Lacanna... adios

Cassandra Cross dijo...

Jujuuuu!
Prometido me que mejor de fue lo habían, por Zoroastro!

Anónimo dijo...

Ah, muy bueno; me atreví a traducir el último, el de Hamlet:

"Aldeano". – Si no me aguanto lo mato al p**o ese.

Sí, la verdad es que era un bobainas...

yerbanohay dijo...

por eso...aguante Cervantes, voto a bríos !

Semana Onírica dijo...

Voto a bríos!


Fraude electoral!

Anónimo dijo...

jajaja!!! Excelente! Todavía me estoy riendo!

Mercedes Allegue dijo...

encontre este blog dificil de encontrar pero lo voy a seguir es bueno compararse y leer.

http://mercedes-consejos.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Hi, as you may already discovered I'm fresh here.
I will be happy to get some help at the start.
Thanks in advance and good luck! :)

Anónimo dijo...

"Acíbar" es un disgusto. Es perfectamente posible que el verbo "acibar" (que, efectivamente, no existe en el castellano actual) sea una licencia del traductor, o incluso un arcaísmo.

En cualquier caso, a lo que iba. ¿Demostrar? Aquí sólo has demostrado tu incultura, amigo. No soy en absoluto partidario de Shakespeare, no me gusta, pero acabo de topar con esta barrabasada por casualidad y tengo que actuar en su defensa.
Es muy cómodo decir "quien me contradiga, es un inseguro", para evitar críticas a una crítica pésima. Pero siempre hay alguien que no pica ante tal artimaña, y responde. Y ese soy yo.

¿Te (u os) calificas como experto? Entonces yo soy rey de Inglaterra. Hablas de datos, libros, y "pruebas" en cada momento, pero usas la clave de humor del texto para evitar citar absolutamente NADA de bibliografía. ¿Y aun así tienes la cara de definir esta parrafada como ensayo? Risible.
Además, para el ÚNICO ejemplo que pones de por qué el autor era confuso e "inventaba palabras", usas una traducción (Dios sabrá de quién, ya que no das fuentes), y ni te has molestado en empezar a investigar al autor en su lengua original.

Al menos he pasado un buen rato con esto. No con tu artículo, es basura, sino sacándole pegas. Y podría ir párrafo por párrafo, pero no tengo ganas.

Qué curiosos son los ignorantes que, creyéndose sabios, tachan de ignorantes a los demás...

En fin, aun hecho a la idea de que seré ignorado, mando un saludo.

Paco dijo...

Ojalá, señor anónimo, algún día se reciba en la UNIVERSIDAD como yo y comprenda la verdad de los escalopes. Se lo voy a tratar te explicar con sencilléz, dado que su pobre prosa me ha demostrado lo TRISTEMENTE IGNORANTE que pueden ser algunos. Cuando uno es INTELIGENTE y UNIVERSITARIO no necesita de "fuentes" ni "citas" ni "bibliografías". Y cuando uno reconoce a un ladrón, un snob que no comprende las realidades mas obvias del arte, como usted y como Shakespeare, entonces no tiene más nada que hacer. Leer sus opiniones me entristece porque denotan el bajísimo nivel de intelecto que tiene la humanidad. Por lo menos la parte que usted cree representar. Qué triste para usted, señor, no poder reconocer mi grandeza detrás del velo de ignorancia que obnubila su percepción. Qué triste, señor, que no pueda disfrutar del hecho de que hay gente, como yo, que es INTELIGENTE y UNIVERSITARIA y que, por suerte, está aquí para ilistrar con sabiduría el mismo mundo que gente como usted, día a día, hace más ignorante.